Sábado, 01 Febrero 2014 14:41

Adelanto Conductas Toxicas Drogas Y Nuevas Adicciones

 

Lo que hace diferente a este libro, al menos esa es la intencion, es volcar mi conocimiento desde ambos "lados del escritorio". Es contar desde la experiencia de alguien que logro superar una adiccion y, como le digo a mis pacientes en recuperacion, por detras de titulos y diplomas: no te preocupes, antes de ser profesional, yo estuve en tu silla, lo que ciertamente resulta mas facil porque el encuentro que tengamos va a estar basado en ambos saberes: teoria y praxis. 



Yo mismo la padeci. Provengo de una familia "normal", con hermanos, padres no separados, con la educacion como uno de los pilares del desarrollo personal y profesional. Fui varias veces abanderado en la primaria, primero en cuadro de honor en el colegio con los mejores promedios, bueno en deporte, nombrado varias veces mejor compañero, pero nada de eso fue suficiente. 

Empece con cigarrillos y alcohol como una forma de llamar la atencion. Segui con marihuana y me decia que yo la iba a manejar. Me equivoque como todos. 

La droga me manejo y pase a la cocaina, LSD, pastillas y muchas mas. Desaparecia dias enteros tomando drogas, en especial cocaina. 

No era vida, sino un infierno. Temia a que nunca mas pudiera ser normal o que nunca mas iba a ver la realidad tal cual era. 

A las 11 de la mañana cuando mis compañeros de estudios universitarios se juntaban a desayunar yo estaba pasado de vueltas, con mis ojos desencajados y una procesion que se manifestaba por dentro. 

Recuerdo varias oportunidades de ir en un auto por la mañana despues de dos noches de gira y ver a la gente que iba a trabajar, a estudiar o un domingo mientras las familias iban con sus hijos a pasear me parecia que yo nunca iba a lograr eso. Una profunda tristeza y angustia me invadian. 

Tenia algo del tango: de chiquilin te miraba de afuera como a esas cosas que nunca se alcanzan. 

Cuantas noches y amaneceres prometiendome que iba a cambiar, que mañana iba a ser distinto, que no podia seguir asi. Cuantas noches de imagenes tipo flashes que recortaban la vision de la realidad como si fueran circulos concentricos, como si se mirara alrededor a traves de un prisma, como la de una piedra lanzada a un lago y cuyos circulos se expanden. Cuantas noches y dias sin salir, con persecuciones y paranoias propias de la droga inhalada o inyectada. Varias veces en hospitales pasado de vuelta, con taquicardia y la vivencia de la muerte inminente. ¿Seria esa mi ultima noche? Pero me levantaba y seguia. Negaba la realidad de lo que me pasaba. 

Mis padres probaron de todo. Pensaba que ellos estaban locos y que yo era el cuerdo. Vivi en pensiones, en casas abandonadas e hice todos los desmanes que al lector se le pueda ocurrir para seguir manteniendo mi adiccion. 

Dos de mis mejores compañeros de drogas, no amigos, -porque cuando estas muy metido en las drogas la amistad no existe-, hoy ya no estan. 

Un dia, en una redada policial y con mucha cocaina tanto en el cuerpo como entre nuestras pertenencias fuimos detenidos justo frente a un grupo de autoayuda. Un ex adicto salio a ayudarnos y me dijo cuatro palabras: mereces una vida mejor. Esas palabras quedaron grabadas a fuego. 

Ya libre, supe de alguien que estaba asistiendo a esos grupos. Les dije a mis padres que no podia mas, que necesitaba ayuda y me acompañaron. 

Una vez en el grupo me propusieron internarme en una Comunidad Terapeutica. Si bien lo dude, sabia que no tenia chance. En ese momento me encontraba en una interseccion del camino: la vida o la muerte. Elegi la vida. 

Estuve muchos meses internado. En esa epoca el modelo comunidad terapeutica era recien traido a America del Sur, siguiendo la practica italiana con heroinomanos. 

Fue una experiencia dura. La comida no era buena, el colchon duro, nos dividiamos las tareas de la casa, limpie baños, me ponian limites y me hacian hacer cosas que consideraba estupidas. Pero el estupido era yo. 

Una vez, ante una transgresion en la que podia optar por irme o darme varias duchas de agua fria en el parque en pleno invierno, opte por quedarme. 

La comunidad terapeutica de antes tenia en sus justas porciones algo del entrenamiento militar norteamericano, algo de un retiro espiritual, algo de una familia funcional, donde hay limites y amor. Limpiar baños, cocinar para 30 personas, contar y compartir mi dolor jamas me mataron. Lo unico que me podia matar era la droga...

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Fuente: www.articuloz.com

 

Mundo de la mujer

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