Sábado, 01 Junio 2013 19:08

El Mercado De Alimentos Y La Crisis Alimentaria

El planeta Tierra, segmentado en los diferentes países que lo integran, afronta en el presente un dinámico mercados de alimento, en donde muchos países, especialmente los pobres, se ven afectados

por los altos costos, los precios que estos involucran en su adquisición y consumo, en donde Venezuela, país que nos concierne se ha tornado en un país importador de alimentos,, teniendo inmensas hectáreas de tierra para su explotación y que no la ha sabido aprovechar.

Pareciera no se le dio importancia al señalamiento, que después de que el Banco Mundial y el FMI aconsejaran durante años a los países que un mercado liberalizado les aportaría mayor eficiencia en la producción y distribución de alimentos, los países más pobres del mundo se encuentran inmersos en una intensa puja contra especuladores y comerciantes, que están viviendo una verdadera época de bonanza. Los fondos de cobertura y otras fuentes de fondos especulativos están volcando millones de dólares a los commodities, para escapar de los resbaladizos mercados de valores y de la contracción del crédito; con ello alejan aún más las existencias de alimentos del alcance de los sectores pobres.

Aporta ecoportal.net, que de acuerdo con algunas estimaciones, los fondos de inversión controlan ahora entre el 50% y el 60% del trigo comercializado en los más grandes mercados mundiales de commodities. Una empresa estima que el monto de dinero especulativo en futuros de commodities –mercados en los que los inversionistas no compran o venden un commodity tangible, como el arroz o el trigo, sino que apuestan a las variaciones del precio– fue menor a US$ 5.000 millones en 2000 y trepó a US$ 175.000 millones en 2007.

Esta situación no es accidental –y sus efectos son insostenibles. Miren a Haití. Pocas décadas atrás se autoabastecía de arroz. Pero las condiciones de los préstamos externos, en particular un programa del FMI de 1994, lo forzó a liberalizar su mercado. Así, desde Estados Unidos comenzó a llegar arroz barato, con el apoyo de subsidios y corrupción, y la producción local fue erradicada. Ahora los precios del arroz aumentaron un 50% desde el año pasado, y el haitiano medio no puede comerlo. Por esta razón están saliendo a las calles o arriesgando sus vidas en un viaje en bote hasta los Estados Unidos. Las protestas por la crisis alimentaria también han estallado en África Occidental, desde Mauritania hasta Burkina Faso. También allí los programas de ajuste estructural y el dumping de la ayuda alimentaria destruyeron una larga historia de producción de arroz de la región, dejando a la gente a merced del mercado internacional. En Asia, el Banco Mundial aseguró reiteradamente a Filipinas, incluso hasta el año pasado, que autoabastecerse de arroz era innecesario, y que el mercado mundial se haría cargo de sus necesidades. En la actualidad el gobierno se encuentra en una situación desesperada. Las reservas nacionales de arroz subsidiado están prácticamente agotadas y no puede completar sus pagos por importaciones debido a que los precios solicitados por los comerciantes son demasiado elevados.

Estamos señala Manuel Moncada afrontyando en el presente una seria crisis alimentaria en donde la crisis alimentaria es sólo una expresión de la injusticia que el capital le impone al mundo, porque su objetivo es obtener incesantes ganancias, explotando fuerza de trabajo internacional y local; saqueando la riqueza del Sur y cargándole a éste un intercambio muy desigual. Las formas que adopta el Norte para apropiarse de los fondos y recursos del Sur son múltiples. Entre ellas, está la deuda externa

Según el Banco Mundial, en los últimos tres años, se ha generado un alza total del 83% en los precios de los alimentos; peor aún, se espera que este año las reservas mundiales de cereales caigan al nivel más bajo de los últimos 25 años, esto es “a 405 millones de toneladas menos que en 2007, un 5 por ciento (21 millones de toneladas) por debajo del nivel ya reducido del año anterior” . A causa de ello, el Tercer Mundo gastará este mismo año unos 38 700 millones de dólares en importación de cereales, cifra en un 57 % superior a la del 2007 y en el doble en relación con el 2006 . Y aunque el problema señalado afecta también a los países del Primer Mundo, en éstos los alimentos representan sólo entre el 10 y el 20 % de los gastos de un consumidor, mientras que en el Tercer Mundo constituyen entre el 60 y el 80 % de esos gastos. Así las cosas, la cifra de 862 millones de hambrientos en el mundo -de los cuales 52 millones viven en América Latina y el Caribe- puede aumentar debido al incremento de los precios de los alimentos (Manuel E. Yepe. Ob. cit.).

La realidad más dramática del continente americano es la que soporta Haití: si hace 20 años esta era una nación que producía el 95% del arroz que consumía, hoy importa de EEUU el 80% de este alimento . La ocupación militar de este país caribeño, las maquilas y las zonas francas, como puede constatarse, no le han servido para nada bueno. Cuba, por el contrario, más allá del terrorismo mediático que el imperio esgrime en su contra, representa el polo opuesto de todo este drama alimentario y social que soportan una mayoría de naciones del planeta: en ella no hay una sola persona “que se quede sin un plato de comida ni atención médica gratuita las 24 horas del día” . La isla dispone de 846 científicos por millón de habitantes, con este índice supera, por ejemplo, a España, Irlanda y Portugal. Su gasto anual en investigaciones, en desarrollo social y económico, es el doble de la media de esa inversión en Latinoamérica. La isla practica políticas que le permiten índices destacados en atención a la niñez, la tercera edad y la mujer; gratuitamente ofrece a su población educación, salud, cultura y deporte; la esperanza de vida, en 1993, pasó en ella de 74 a 75 años .

Los 38 700 millones de dólares en importación de cereales que al Tercer Mundo le corresponderá gastar en alimentación en el presente año, contrastan con lo que EEUU malgasta para hacer la guerra a Iraq y Afganistán: en 1976, esos números ascendían a 379.000 millones para Iraq, 97.000 millones para Afganistán y 26.000 millones para las bases militares . En el 2007, los contribuyentes estadounidenses aportaron 137 mil 600 millones de dólares para el conflicto de Iraq, cifra con que la Casa Blanca podría brindar atención médica a 39 millones de ciudadanos, construir un millón de viviendas económicas o equipar 142 millones de casas con fuentes de energía renovable . Considerando los gastos ocultos, el coste de las guerras en Iraq y Afganistán asciende al doble de lo que se declara oficialmente, según una información de congresistas demócratas divulgada por The Washington Post. De esta forma, el costo total asciende a cerca de 1,5 billones de dólares, casi el doble de los 804.000 millones que la Casa Blanca ha solicitado hasta ahora para esas guerras

A todo ello agrega Moncada, hay que agregar la estupenda imagen con que por doquier los medios rodean a los Tratados de Libre Comercio (TLC), oculta las gravísimas concesiones de carácter irreversible a los países ricos, sin que éstos ofrezcan a los pobres nada sustancial a cambio. EEUU y la Unión Europea exigen profundas y rápidas reducciones de tarifas arancelarias que, a veces, significan “arancel cero” para los subvencionados productos agrícolas que venden al Sur a precios de “dumping”, provocando el hundimiento de los granjeros en una situación de pobreza extrema; pérdidas del sustento que no conocen precedentes, desplazamientos de trabajadores y trabajo esclavo; degradación de los derechos humanos y del medio ambiente.

Como sino bastara, los nuevos TLC llevan mucho más lejos el asunto: establecen dañinas reglas sobre propiedad intelectual, servicios e inversiones que exacerban la situación de los pobres, al negárseles el acceso a la tecnología patentada (sin que tampoco puedan proteger el conocimiento tradicional) y a las medicinas, con lo que perjudican gravemente la salud pública (11).Los TLC permiten a las grandes transnacionales apropiarse de las semillas tradicionales y de las plantas medicinales del Tercer Mundo, haciendo posible que EEUU realice por “vía pacífica” los objetivos económicos que regularmente realiza por medio de invasiones y guerras interminables.A lo anterior hay que agrregar lo que señala Grain en ecoportal.net que nunca como ahora ha resultado tan obvia la cruda verdad sobre quién gana y quién pierde en nuestro sistema alimentario mundial. Analicemos el elemento más básico de la producción de alimentos: la tierra. Podría decirse que el sistema alimentario industrial sufre de una drogodependencia de fertilizantes químicos. Necesita más y más para mantenerse vivo, erosionando suelos con el costo de destruir su potencial de sustentar cultivos alimenticios. Entre 1992 y 2003, la utilización de fertilizantes aumentó un 3% anual en la región Asia-Pacífico, mientras que, como resultado, el rendimiento del principal cultivo al cual se aplicaron, el arroz, sólo creció un 0,7% por año. En el contexto actual de ajustadas existencias de alimentos, la pequeña camarilla de empresas que controlan el mercado mundial de fertilizantes puede cobrar lo que quiera –y eso es exactamente lo que está haciendo. Las ganancias de Mosaic Corporation, empresa de Cargill que controla gran parte de la oferta de potasa y fosfato, aumentaron más del doble el año pasado. La mayor empresa productora de potasa del mundo, Potash Crop, de Canadá, obtuvo más de mil millones de dólares de ganancias, lo que equivale a más de un 70% con relación a 2006. Enfrentados al pánico de la crisis mundial, los gobiernos han comenzado a desesperarse por aumentar sus cosechas, con lo cual le han dado a esas empresas la potestad de subir aún más la apuesta. En abril de 2008, la filial comercial offshore conjunta de Mosaic y Potash aumentó los precios de la potasa en un 40% para los compradores del sudeste asiático y en un 85% para los de América Latina. India tuvo que pagar un 130% más que el año pasado. Pero fue China quien se llevó la peor parte, fustigada con un alza de un 227% en su cuenta de fertilizantes con respecto al año anterior.

No nos debe sorprender que Fidel Castro- acuse a los voceros de las transnacionales y su aparato de divulgación, diciendo vivimos en el mejor de los mundos: una economía regida por el mercado, más capital transnacional, más tecnología sofisticada, igual a crecimiento constante de la productividad, del PIB, del nivel de vida y todos los sueños del mundo para la especie humana…” No obstante, la realidad mundial dista mucho de ser así. Para comenzar, no debe ignorarse que Estados Unidos -país que ya dio muestras de lo que es capaz en agosto de 1945…- posee un arsenal 10.000 ojivas nucleares, seguido por Rusia con 6.000 e Israel con 400. Por cierto, esta última potencia colonial,-que se ha rehusado siempre a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear- es el único país del Medio Oriente que posee este tipo de armamento . De esta suerte, para que la humanidad pueda salvar al planeta y a sí misma de las consecuencias derivadas del consumismo y del productivismo irracionales -inherentes al sistema capitalista-, así como de su persistente acción criminal contra el hombre, las especies de plantas y animales y la naturaleza en su conjunto, debe forzosamente asumir una serie de retos, nada fáciles.